Falta de ambición

Publicado en el Diari de Tarragona el 6 de febrero de 2020


Éramos pocos y la abuela tuvo trillizos. La opinión pública tarraconense llevaba semanas conmocionada por diversos acontecimientos que cuestionaban el peso exterior de la ciudad, y en ese momento han aparecido los responsables del Departament de Patrimoni de la Generalitat para confirmar nuestras sospechas. Efectivamente, ayer mismo nos despertamos con la noticia de que el parqué del flamante Palau d’Esports de Campclar volará a un polideportivo de Girona porque este material, como dice Pau Ricomà, “no ens cal”. Ése es el problema, precisamente, señor alcalde: disponemos de un magnífico equipamiento deportivo cerrado a cal y canto desde hace casi dos años porque ustedes y el Govern, al que pertenece su mismo partido, no se ponen de acuerdo para traspasarlo. La primera edil de la ciudad favorecida con esta decisión, Marta Madrenas, se ha mostrado muy agradecida con nuestra despreocupada prodigalidad, porque esta cesión beneficiará a “molts nens i joves de clubs de base i esport d’elit” de Girona. Fantástico, pero ¿acaso nosotros no tenemos muchos niños, jóvenes y deportistas de élite que también desearían disfrutar de este parqué, precisamente en el propio pabellón al que pertenece?

El Palau d’Esports Catalunya, con capacidad para 5000 espectadores, se construyó entre los años 2016 y 2018 como principal legado tangible de los Juegos del Mediterráneo. Desde entonces preside en silencio la Anella de Campclar, junto con otros importantes equipamientos deportivos. Su diseño atendió a los principios que sustentan las nuevas construcciones inteligentes, optimizando la inercia térmica del conjunto y su eficiencia energética, y aprovechando al máximo la luz natural gracias a un gran lucernario central. Con un presupuesto cercano a los 20 millones de euros, el nuevo pabellón permitió dotar a la ciudad de un espacio digno de nuestra capital, que permitiría dar un impulso tanto al deporte de base como a sus diferentes equipos de élite. Sin embargo, apenas un año y medio después de su inauguración, esta magnífica construcción duerme el sueño de los justos, como si nos sobraran edificios de este tipo, por la ineficacia de unas formaciones políticas más preocupadas por otros temas. Más bien, por uno solo, que no sirve para desencallar nuestros problemas sino todo lo contrario.

Y llueve sobre mojado. Cualquiera diría que nuestro ayuntamiento está empeñado en convertirnos en un páramo en materia deportiva de gran formato. A principios de julio del pasado año, el alcalde paralizó la organización de las pruebas de Herbalife 3x3 Series que Tarragona iba a albergar, de acuerdo con el protocolo de intenciones firmado en mayo por el anterior alcalde, y que se celebrarían en diferentes puntos de la ciudad como la Plaça Corsini o el Camp de Mart. Además de renunciar a convertirnos en la capital estatal de esta modalidad de baloncesto, perdimos otras oportunidades colaterales, como un centro de tecnificación, concentraciones de selecciones estatales y torneos internacionales.

Pero la cosa no quedó ahí. El ayuntamiento también renunció en enero a ser una de las seis sedes que albergarán el Mundial de balonmano femenino, que se desarrollará entre el 2 y el 19 de diciembre de 2021 en Granollers, Barcelona, Castellón, Llíria, Badalona y Torrevieja. En vez de implicar al tejido empresarial local en la generación de recursos para sufragar el evento, el consistorio decidió agachar las orejas, dejando entrever que las competiciones de esta envergadura nos quedan demasiado grandes. Tarragona quedó en mal lugar con la federación de baloncesto en verano, y ahora repite espectáculo con la de balonmano. Por lo visto, según la concejal de Esports, la republicana María José López, la prioridad del actual gobierno municipal es “la mejora de las instalaciones”. ¿Dentro de este plan se encuentra el desguace temporal de equipamientos como el Palau d’Esports? Perdón, es cierto, no me acordaba de que “no ens cal”.

Como era previsible, esta estrategia acomplejada ha soliviantado a miles de tarraconenses, que ven con impotencia cómo su ayuntamiento persiste en una política que nos aboca al anonimato exterior. Parece que la visión de futuro del actual gobierno local se resume en convertir a Tarragona en una versión XL de cualquier pueblo de interior, dicho sea con todo respeto hacia estos lugares. Incluso los socios postconvergentes del actual equipo municipal se han escandalizado con el traslado del parqué del Palau d’Esports a tierras gironinas. Como ha declarado el portavoz de JxTgn, Dídac Nadal, “aquesta decisió suposa un nou menysteniment cap a la nostra ciutat. Això ja és riure’s de nosaltres”.

Al igual que sucede con las encuestas electorales, lo importante no es el dato sino la tendencia. Y el aspecto que ofrecen algunos gestos del actual consistorio revelan una alarmante falta de ambición. Tarragona vive una época compleja, con una crisis de modelo en su desarrollo comercial, una crisis de posicionamiento en materia de infraestructuras, y una crisis de confianza en sus relaciones con la industria química. Es precisamente en este tipo de circunstancias cuando se necesita el liderazgo de un ayuntamiento que crea en las posibilidades de la ciudad, que ponga toda la carne en el asador, que mire al futuro con la cabeza alta, y que defienda los intereses locales con uñas y dientes. Y no es eso lo que transmite la plaza de la Font.

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